domingo, 9 de octubre de 2011

Los tres coladores

En cierta ocasión, un hombre se acercó a Sócrates y le dijo: 
 -Tengo que contarte algo muy serio de un amigo tuyo. 
 Sócrates le miró profundamente con sus ojos de sabio y le preguntó: 
 -¿Ya pasaste lo que me quieres contar por la prueba de los tres coladores? 
 -¿Qué prueba es esa?  -le dijo desconcertado el hombre. 
 -Si no lo sabes,   escúchame  bien. El primero de los tres es el colador de la 
verdad. ¿Estás completamente seguro de que es cierto lo que me quieres contar? 
 -En realidad, seguro, seguro, no. Creo que es cierto porque  lo escuché de 
un hombre muy serio, que no acostumbra decir mentiras. 
 -Si eso es así, con toda seguridad que no lo pasaste por el segundo 
colador. Se trata del colador de la bondad.  
 El hombre se sonrojó y respondió con timidez: 
 -Ciertamente que no.  
 Sócrates lo miró compasivamente y siguió diciéndole: 
 -Aunque hubieras pasado lo que quieres decirme por estos dos primeros 
coladores, todavía te faltaría el tercero, el de la utilidad. ¿Estás seguro que me va 
a ser  realmente útil  lo que  quieres contarme? 
 -¿Util? En verdad, no.  
 -¿Ves? –le dijo el sabio-, si lo que me quieres contar no sabes si es 
verdadero,  y ciertamente  no es ni bueno ni provechoso, prefiero que no me lo 
digas y lo guardes sólo para ti.



Habla sólo lo positivo de los demás para que se sientan aceptados, 
valorados, respetados. Palabras que animan, que siembran confianza, que 
tumban prejuicios y barreras, que calientan corazones. La palabra puede herir o 
animar, desanimar o entusiasmar, ser látigo o caricia. Combate las ideas 
preconcebidas, borra los prejuicios, limpia las mentes. No juzgues a los demás si  
no quieres ser juzgado. 

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